Wednesday, November 7, 2012

LA EDAD DE LA FRUSTACIÓN





LA EDAD DE LA FRUSTACIÓN

Sin entrar en una serie de frases técnicas, podemos definir frustración como un estado de mente que surge de un deseo  obstaculizado. Somos movidos a actuar por deseos instintivos, orgánicos y mentales. Tales motivos, como los apetitos y pasiones, son una experiencia corriente. Deseo mental es el impulso de la voluntad. No es orgánico como lo es el apetito. Más bien es consecuencia de la razón. Valorizamos una cosa o condición en término de su valor contributivo para con nosotros. Sabemos o nos imaginamos que ella nos dará satisfacción y de acuerdo con esto la deseamos. Cuando, por ejemplo, se cree que se necesita un auto nuevo y que éste traerá un nuevo placer, se está experimentando entonces un deseo mental.

   Existe una distinción notable entre deseos orgánicos y mentales. Se tiene un apetito y el deseo de satisfacerlo antes que se experimente imagen alguna que pueda cumplimentarlo. Sólo es por medio del hábito que venimos a asociar ciertos objetos o condiciones como aparentemente necesarias para satisfacer su apetito. Cuando miramos artículos alimenticios, que hemos disfrutado anteriormente con placer, por asociación, ellos pueden despertar nuestro apetito. Otras personas cuya dieta nunca incluyó esos artículos alimenticios, pueden encontrar que ellos no producen tal atracción. Los apetitos obligan al deseo a encontrar aquello que efectuará su satisfacción temporal. Los deseos mentales crean o hacen imaginar, a menudo un objeto o condición que añadirá un estímulo placentero al cuerpo o mente. Como ejemplo adicional, se puede soñar en una aventura que pueda substituir una vida relativamente poco interesante, que ni excita al cuerpo ni a la mente. Sin embargo, se puede llegar a aprender que su imagen fue solo una ilusión y que ella resulta en una circunstancia irritante más bien que en una satisfacción.

  La concentración continuada  sobre algún ideal, el cual se supone que es esencial para la felicidad, fortalece el deseo mental. Se puede hacer tan intensa e insistentemente para satisfacción, como un apetito natural. Hasta que se cumpla el deseo o hasta que se pueda descubrir que no es posible de realización, puede atormentar al individuo. Siempre que el individuo crea, o comprenda realmente, que está logrando el fin de sus deseos, puede vivir con algún  grado de tranquilidad. Cuando está igualmente consciente de la insistencia de su deseo, a pesar de los obstáculos, llega a conocer entonces, la angustias de la frustración. Eventualmente, llegamos a acondicionar nuestros deseos. Por alguna razón u otra los suprimimos voluntariamente, los reprimimos inconscientemente, o nos determinamos a presionarlos para su ejecución. Deseos orgánicos como los apetitos, no son suprimidos con éxitos. Ellos son esencialmente, para nuestro ser orgánico. No son producto de la mente, sino más bien una creación de la razón o imaginación. Tienen funciones necesarias y fundamentales; están relacionados con los órganos y sistemas de nuestra naturaleza que la interferencia con tales deseos puede tener una influencia perjudicial para la salud.

  A veces, nos sentimos dispuestos a sustituir estos deseos orgánicos. Se puede creer de buena fe
que se debe suprimir un deseo natural y remplazarlo con uno mental. El moralista intransigente, cree en su código de celibato, por ejemplo, y la satisfacción mental que saca de su abstinencia sexual, ha encontrado un sustituto satisfactorio. Semejante comportamiento a menudo solo resulta en conflictos. El deseo natural continua con agravantes no disminuidos. Para esforzarse a sumergir sus sensaciones, el deseo mental substituto debe ser realzado por el individuo. Esto frecuentemente da cuenta y razón al fanatismo religioso. En seguimiento de deseos mentales, en tales casos, se puede ir más allá de los límites de racionalidad al esforzarse para extraer  lo antinatural para substituir a satisfacción. El deseo reprimido es la obstrucción inconsciente, en cuyo lugar se está reteniendo la expresión y  ejecución del deseo sin saberlo. Como saben el psicólogo y el psiquiatra, se puede no estar siquiera consciente del deseo reprimido.

  Sus impulsos pueden no alcanzar nunca la frontera de la mente  consciente. El empuje del deseo, al impulso de su energía, estando obstruida en sus canales naturales, quizás temprano en su niñez, busca y encuentra otras salidas. Como consecuencia, estimula emociones que no están directamente relacionadas con ellas. Produce una cadena de ideas, perturbadora y pensamiento en la mente  consciente, las cuales la víctima de la frustración no asocia de ninguna manera con la causa. Para evitar la frustración excesiva y sus males consiguientes e necesarios un análisis inteligente de nuestros deseos. Pregúntense lo que está detrás de sus deseos. Si ellos son naturales, como los apetitos, entonces satisfáganlos dentro de los límites de la sociedad culta. Una sociedad culta es la que enseña, en sus escuelas y universidades y por todo medio de información, antes de cometer errores irreparables con adolecentes que se conocen en estos tiempos que vivimos.

Y no olviden de vivir en paz con ustedes mismos.

Peter Bustamante                                        


Tuesday, November 6, 2012

“CLARIFICANDO LA CONSCIENCIA”






“CLARIFICANDO LA CONSCIENCIA”

Con toda probabilidad, la mayoría de nuestros lectores cuestionarán acerca de la necesidad o conveniencia de clarificar la consciencia. Sin embargo, debe reconocerse que sí existen diferencias de opinión  con respecto a la naturaleza y propósito de la consciencia. Están aquellos que piensan que la consciencia es un producto o una función intelectual del hombre. Tal vez usted sea uno de ellos. El filósofo Thomas Hobbes escribió: “Como la consciencia del hombre y su juicio son una misma cosa, así como el juicio, también la consciencia puede estar equivocada”. Hitler dijo: “Yo estoy liberando al hombre de la quimera degradante conocida como consciencia”. A la mayoría de nosotros se nos ha enseñado desde la niñez que la consciencia es aquella misteriosa “pequeña voz queda”. Emmanuel Swedenborg dijo:” La consciencia es la presencia de Dios en el hombre.

  El diccionario define la consciencia como “la facultad por medio de la cual las distinciones son hechas entre la moral correcta y la equivocada, especialmente con respecto a la conducta de uno...” y “de conformidad de la conducta de la moral estándar prescripta”. Realmente, el verdadero significado se encuentra en la raíz latina que es conscire, que significa conocer internamente. En Hamlet, Shakespeare dice: “Así la consciencia hace cobarde de todos nosotros” Esta marca de consciencia está ciertamente “de conformidad con la conducta de la moral estándar  prescripta”. Estos estándares morales no son conocidos o reconocidos internamente. Más bien, ellos son reconocidos externamente y aceptados internamente.

  Muchos que niegan cualquier talento para el vendedor se han persuadido totalmente de manera intelectual para aceptar como buena y correcta alguna posición o cargo en sus vidas que, aunque contrario a sus instintos naturales, los capacita para permanecer en gracias con su religión, su gobierno o aun sus familias. Muy a menudo estas personas se sienten perdidas para comprender las manifestaciones psicosomáticas de picazones, úlceras y dolores de cabeza de las que ellas son las víctimas constantes. En algunas partes muy profundas dentro de ellas está la consciencia suprimida y subjetiva de que se han engañado a sí mismas. La verdadera consciencia puede ser amordazada pero no puede ser destruida. Puede parecer extraño hoy día, pero el tema de la consciencia ha sido muy frecuentemente una fuente de agitación en la religión y en el gobierno. Estamos más acostumbrados a pensar de la consciencia como estando más allá de la disputa. “La libertad de la Consciencia” fue la frase para describir el derecho natural para aceptar y apoyar cualquier filosofía religiosa y cualquier sistema de adoración religiosa que uno pudiera seleccionar de acuerdo con su propia consciencia.

  Al principio era el gobierno político bajo el cual uno vivía el que determinaba la creencia religiosa aceptable para uno y el método adecuado de adoración. Parece increíble hoy día que algún tiempo en la historia Gregorio XVI  declaró en una encíclica: “De la contaminada fuente del indiferentismo emana esa doctrina absurda y errónea o más bien disparatada…que proclama y defiende la libertad de consciencia para todos. De esto llega, en una palabra, la peor plaga de todas, es decir, libertad ilimitada de opinión y la libertad de expresión”. Por otra parte, afortunadamente, están aquellos que han enseñado y defendido el concepto que la consciencia verdadera es la única guía confiable para dirigir al hombre en la verdad, el amor y la paz. Fue la creencia de Albert Einstein que no deberíamos “jamás hacer nada en contra de la consciencia aunque el estado lo demande”. Voltaire escribió: “En medio de todas las dudas que hemos discutido por 4.000 años en 4.000 formas, el curso más seguro es no hacer nada en contra de la consciencia de uno. Con este secreto, podemos gozar de la vida y no temerle a la muerte”. Muchos creen con Henry Fielding, que la consciencia “…es la única cosa incorruptible a nuestro alrededor”. Y mi gran difunto maestro Ralph M Lewis, exponente principal de nuestra filosofía nos dejo un gran legado, el cual hago mención cuando nos dijo: Se nos ha dado un barómetro espiritual, que es el sentido moral que poseemos, o consciencia. Este barómetro nos informa cuando quiera que nuestros actos, o actos contemplados, son contrario a las leyes y principios Cósmicos”.

  ¿De donde viene esta idea de una guía infalible dentro de nosotros? La mayoría de las escuelas antiguas esotéricas de misterio enseñaron este concepto en sus filosofías. La impresión es que esta doctrina era vieja y venerada aun en esos antiguos días. En la más primitiva historia registrada de los egipcios, existe evidencia que el hombre reconocía, o le fue enseñado, que todos sus actos deberían engendrar amor  en aquello a su alrededor  en lugar de odio. No había énfasis entre “bien y mal” o “correcto o equivocado”. Aquello que incurría en odio en otros estaba equivocado, y aquello que engendraba amor entre los demás era correcto. Estas gentes primitivas concebían que el hombre albergara un duplicado invisible, intangible de si mismo, dentro de su cuerpo y que este duplicado fuera su guía y espíritu protector. Era su consciencia—ellos la llamaban Ka—y estaba siempre con él. Ka era incorruptible e infalible y guiaba al hombre solamente en amor y por lo tanto bondad. Desde entonces la mayoría de la filosofía clásica ha demostrado que en el hombre hay una inclinación inherente hacia la verdad, la bondad y la rectitud y esa inclinación es la consciencia.
  
  Y para terminar nuestra consciencia es la chispa de Dios dentro de todo ser, y esta el día cercano que habrá una lengua universal, una religión universal, un gobierno universal y ese maestro será la consciencia. La unidad del hombre será la personificación del amor. Pero antes de que ese día o sueño sea realizado ¡tenemos tantas lecciones de la vida que aprender! La manera más constructiva de comenzar es clarificando nuestra consciencia.

Y les digo que traten de vivir en paz con ustedes mismo.

Peter Bustamante    

Tuesday, October 30, 2012

“EL AJUSTE A LA NUEVA EDAD”






“EL AJUSTE A LA NUEVA EDAD”
Cuando me refiero de una cierta edad usualmente hago referencia a un período de tiempo definido, un período designado por algún desarrollo de tiempo definido, un período designado por algún desarrollo especifico. Estas edades son de dos clases generales. Una es la edad geológica, tal como la Arqueozóica y  la Protozóica, etc. Estas indican grandes cambios en la Tierra y en la vida en ella. La otra clase de edad es la cultural. Las edades culturales tienen referencia a definidos períodos de tiempo durante los cuales ciertas actividades humanas han influido grandemente en la humanidad. Por ejemplo, la Edad del Cobre—el primer uso del metal. Luego vino la Edad del Bronce duró varios miles de años. Estas edades fueron seguidas por la tal llamada Edad del Hierro. Subsiguientemente, vino la Revolución Industrial como edad y similares divisiones de tiempo. Nuestro período presente ha recibido designaciones tales como la Edad Atómica y Espacial y Nuclear.
   La importancia de estas edades es el efecto que tiene sobre el vivir y pensar del hombre. Con las primeras herramientas de metal se revolucionó el método de construcción del hombre. El metal abrió camino a la arquitectura a gran escala. Resultó en la construcción de gigantesca pirámides de albañilería y piedra. El metal igualmente tuvo un impacto en el arte, como en la escultura. Hasta la religión  se volvió más agresiva con la artesanía hecha posible por la herramienta de metal. La edad Industrial fue la consecuencia de la maquinaria. Por ejemplo, la invención de la desmotadora de algodón y la máquina a vapor, causaron producción y transporte en una vasta y acelerada escala. Fue el comienzo de la liberación del hombre de tal duro trabajo. El pensar del hombre fue igualmente drásticamente afectado; se elevo un nuevo espíritu de individualismo. Los trabajadores expertos se organizaron. Se expusieron nuevas ideas acerca de la naturaleza y propósito de la sociedad.
   Estamos conscientes de grandes cambios científicos y técnico durante nuestro tiempo. Estos resaltan fuera de todos los otros demás período de la historia. El empuje de estos logros es tremendo. Nos sentimos siendo barridos con ellos. ¿Cómo están, o cómo afectarán a nuestro pensar y nuestras creencias mañana? ¿Qué cambio podemos o debemos hacer en nuestro punto de vista hacia la vida y la sociedad? El primer ajuste que el hombre debe hacer se encuentra en su relación cósmica. Esto significa la formación de una nueva ontología, una nueva metafísica y psicología. El hombre ya no puede refugiarse en la idea de que es un ser divinamente favorecido. Él llegará a comprender que la humanidad no es el punto focal de la existencia. El hombre debe saber que no hay un plan cósmicamente decretado para él. A medida que crece nuestro conocimiento del universo mayor, nos volveremos menos importantes como particulares, como cosas, en nuestra relación a éste. Sin embargo, lo mayor se convierte en la generalidad de la cual es parte el hombre. La forma es siempre menos importante que su esencia. Una sola especie o clase, es menos importante que el fenómeno de la vida que le da expresión.
  Aun en este momento nos estamos dando cuenta que nuestra galaxia, la Vía Láctea, está compuesta de miles de millones de estrellas. Muchas de estas estrellas son mucho más grandes que nuestro Sol. Miles de millones de planetas rotan alrededor de tales soles. Nuestro sistema solar no es sino uno de millones de sistemas similares en nuestra galaxia. Más allá de nuestra Vía Láctea hay miles de millones de otras galaxias y cada una con miríadas de sistema solares. Muchas de estas galaxias no le son visibles al hombre. Sabemos de ellas solamente a través de la energía que emiten como ondas radiales. Supóngase que estadística y matemáticamente, sólo un 1% de tales cuerpos son la residencia de seres inteligentes. Esto sumaría millones de mundos habitados. Algunos de tales seres inteligentes pueden haberse extinguido millones de años antes de que naciera nuestra Tierra. Aun otros seres, ahora en existencia, han excedido probablemente al hombre en inteligencia por eones de tiempo.
   Así todas las cosas vivientes, en todas partes, comparten igualmente en aquella combinación de energías cósmicas que se dominan Vida. Se presume que la fuerza de vida en todo es la misma. Los protozoarios y metazoarios, las células singulares y múltiples, tienen las mismas cualidades básicas. La vida no es un fenómeno planeado, determinado, como lo enseñaban los viejos sistemas teológicos. Más bien resurta por necesidad, de lo que es el Cósmico, Heidegger, el filósofo y exponente del existencialismo, dijo: “La realidad, el cósmico, no es una cosa”. Él significó que no es ninguna de las cosas que percibimos. Pero en su naturaleza, el Cósmico tiene todo un espectro de diferentes clases de fenómeno. La vida como la conocemos no es más que uno de ellos. La vida ocurrirá donde quiera que ciertas fases de fenómenos cósmicos se manifiesten juntas. Cuando juntamos los colores primarios de la luz visible  entonces producimos el blanco. Pero el blanco no está predeterminado por la naturaleza a ser tal. Es parte de la realidad completa de la que consiste. Así también la vida es parte de las miríadas de fenómeno del Cósmico. El Cósmico no crea cosas conscientemente. Pero el Cósmico en si es consciente. El Cósmico es un ser auto activado. Lo que es auto activado debe comprender, ser consciente de su propia naturaleza. El Cósmico confiere sobre si su propia naturaleza. Por lo tanto, podemos decir que el Cósmico es auto consciente. La consciencia exhibida por las cosas vivientes es de la misma naturaleza fundamental como la consciencia del Cósmico.
   Uno de lo que llamamos materia. El otro es aquella energía que penetra a la materia y la hace animada o viviente. De la unidad de estos dos fenómenos se origina un tercero. Esta condición es la sensitividad  interna que la cosa viviente tiene en su naturaleza. Esta sensitividad funciona como un ajuste continuo entre la materia y aquella energía que la vitaliza. Llamamos a esta función, a esta sensitividad y responsividad, la consciencia de la vida,
  Espero que este articulo que no es muy común en estos tiempos, les traiga un poco más de conocimiento en esta época en que vivimos. Y traten de vivir en paz con ustedes mismo en unión familiar.

Peter Bustamante

Saturday, October 27, 2012

¿DECLINA LA ÉTICA EN LOS NEGOCIOS?






¿DECLINA LA ÉTICA EN LOS NEGOCIOS?
¿El hombre de hoy es considerado más noble a causa de los negocios, o es más bien, mirado como un medio de producción? Los negocios son una entidad impersonal, un sistema como es la física, química o matemáticas, cuyos requisitos básico no son un orden moral o ético. El éxito en los negocios es la culminación satisfactoria de los fines deseados. Estos fines son las ganancias si, por ejemplo, la empresa se dedica a la venta de un artículo de consumo o suministro necesario. Cómo se obtienen estos fines no es de importancia, si todas las reglas obligadas a seguir han sido cumplidas, lo que hace de los negocios un factor sin sentimientos y, por consiguiente, una entidad humana.

  Cualquier empresa en la que participe el hombre confronta siempre dos factores, a saber: consciencia y principio. La consciencia es la realización del propósito de la empresa tan eficientemente como sea posible. El principio, por el contrario, toma en consideración los factores humanos. Esto es lo que significan las medidas de éticas y morales. Todos sabemos que en los negocios la conveniencia y el principio frecuentemente se oponen, Casi todos los negocios podrán aumentar sus ganancias si dentro de las leyes estos fuesen insensibles e hicieran caso omiso en llevar a cabo sus demandas  sobre los intereses humanos. En el pasado la existencia de principios o éticas en los negocios era una cuestión relegada únicamente a la consciencia de sus ejecutivos. Un hombre de principios conducía sus negocios dentro de un plano de ética elevada, o sea, que no se atenía a la conveniencia solamente. Esto significa que no usaba todos los medios para obtener sus fines, prescindiendo de las consecuencias que pudiesen estos tener sobre otros. Las prácticas sin consciencia de muchas empresas, grandes y pequeñas, originó que él público demandara el control del gobierno y la fundación de una oficina para investigar los negocios y mejorarlos.

  Se necesitan hombres y mujeres de elevado carácter para imponerse una autodisciplina en circunstancias que a veces pueden ser desventajosas. Cuando, por ejemplo, una persona sabe que puede deshacerse de un material anticuado haciéndolo aparecer  distinto y se abstiene de hacerlo basado en sus principios, es un hombre de carácter excelente. El instinto de conservación, es un fuerte impulso primitivo en cada uno de nosotros, y es muy natural aprovecharse de todas las circunstancias que se presenten. En comparación el principio, que también es un producto de la razón, es un impulso menor en casi todas las personas. La presión política y el monopolio que los negocios hoy en día atribuyen a los sindicatos es, en gran parte, una reacción al comportamiento de las industrias en épocas pasadas. Grandes industriales y ejecutivos de pequeños negocios, descuidaron demasiado el factor humano.

  El obrero era un segmento de sus maquinas operadoras, como un torno o una prensa, era y, es en estos días de la economía que estamos pasando y que jamás ningunos de los países se recuperará era explotado en esos tiempos, y en estos que vivimos son esclavos y exprimidos hasta lo último. Cuando ya no es necesario el retenerlo, cuando no rinda, se desecha a un lado. Era y seguirá siendo una premisa de los patrones que los hombres no estaban obligados a trabajar para ellos, y si lo hacían, tienen que aceptar cualquier condición que se les proporcionara. No crean que la indiferencia social tanto en el pasado, al igual que el presente a menudo contribuye a la crueldad y esto provocó los extremos adversos de que hoy en este estado económico que vivimos se quejan los empresarios y los negocios.

  El hombre de negocio digamos moderno debe estar documentado, por lo menos en la psicología practica. El negocio, en cuanto los clientes y empleados se refieren, es también una cuestión de relaciones humanas. No solamente se está vendiendo comodidades y servicio, sino que también sebe adquirirse reputación para el establecimiento. Es una falta de perspectiva el ser descortés, desconsiderado o el explotar a los clientes y empleados en estos momentos de crisis económica, ni siquiera estando en los mejores tiempos de una edad de oro. Y quiero que recuerden que aquellas semillas son las cosechas que tenemos hoy en día.

Solamente les pido que traten de vivir en paz con ustedes mismos.
Peter Bustamante.

Friday, October 26, 2012

‘LA NATURALEZA DE LA RELIGIÓN’







‘LA NATURALEZA DE LA RELIGIÓN’

Algunas personas afirman que está aumentando el interés en la religión. Otras afirman que la religión tiene menos influencia en el pensamiento y la conducta de hoy en día. Para poder llegar a una estimación de la religión, deberíamos analizar algunas de las funciones o actividades que parecerían ser las guías a la naturaleza de una religión. He seleccionado cuatros principios que creo que aceptará la mayoría de la gente en todo o en parte como la base de una definición de la religión.

(1)-La religión es un sistema de fe y adoración. Entretanto voy a tener que usar mis propias conclusiones aquí, necesariamente, creo que la mayoría de las personas asociadas con una religión o examinando una religión estarían de acuerdo en que esa religión podría ser descripta como un sistema de fe y adoración. La mayoría de las religiones ofrecen una doctrina de fe para sostener el principio de la religión, y como una función activa ellas tienen varios procedimientos o métodos conocidos como adoración para reconocimiento del Ser Supremo. Por lo tanto, definir la religión como un sistema de fe y adoración puede no ser una definición  del todo inclusiva, pero al menos es una guía sobre la cual casi todos estarán de acuerdo. Podemos decir, lo creo sin reservas, que la religión, siendo un sistema de fe y adoración, es una categoría a la que podemos avanzar como la base de una definición de una religión, aunque, por supuesto, podemos de inmediato calificar esta declaración: que la fe y la adoración pueden existir sin ser exclusivamente un control de la religión. Generalmente hablando, las expresiones de fe y de adoración como ellas conciernen a la relación del hombre a una fuerza más alta, son de naturaleza religiosa.

(2)-También podemos decir que la religión es la profesión y práctica de creencias y observancias de creencias y observancias religiosas. La religión es un sistema, una unificación de aquellos principios que contribuyen a la comprensión del hombre de su relación con Dios. Las creencias  y observancias religiosas son aquellas actividades del hombre por la cuales él muestra su confianza o su percepción de una relación con un ser supremo. Él acepta ciertos principios como premisas. Estas son creencias religiosas. Entonces, él observa ciertos ritos o practicas. Estos son el lado de conducta de su profesión de una asociación con una religión. Como segunda base para alcanzar una definición de religión, aquellos que profesan y practican esas creencias y observancias que tienen que ver con la relación del hombre con Dios, puede decirse que participan en una forma de religión.

(3)-La religión es la práctica de servicio y adoración de un Ser Supremo. Mientras esto podría servir como una definición en sí misma, que un individuo  que efectúa ciertos servicios y adoración hacia o para un Ser Supremo está practicando una religión, podría decirse que esto sería solamente una fase de practica religiosa, pero por lo menos es un área que deberán aceptar la mayoría  de los adherentes a las religiones.

(4) Yo, Peter Bustamante en mis estudios he definido muchos datos de religiones y los reparo para enseñanzas de la manera que explicaré: “El conocimiento de Dios y los caminos de Dios llevan a una real devoción religiosa tanto mía, al igual que los niños que les doy clases, lo mismo en la música y cuando me hacen preguntas de origen religioso, el místico es siempre un verdadero estudiante de teología esencial. Pero en vez de unirse a iglesias sectarias para ayudar en el trabajo que están haciendo, nuestros estudios son amplios y tolerantes en su religión, y encontraran a Dios en cualquier cosa y en cada una de sus criaturas”.

Este concepto tiende a separarse de una firme definición y tiende a concernir más con lo que podemos declarar que constituye conducta religiosa. Yo interpreto esta definición como significando que cada individuo es, a un cierto grado, religioso, que el estudiante tiene un deseo de alcanzar conocimiento, de Dios y los caminos de Dios, pero que no siempre encuentra el método de hacer esto por medio de afiliación con grupos religiosos  ya en existencia. El estudiante puede apoyar a un grupo religioso debido al buen trabajo que ese grupo puede hacer, pero esto, necesariamente, no significa que confine su concepto de Dios, su concepto de creencias, adoración, fe y servicio a los credos aceptados por cada institución hecha por el hombre. Más bien, como parte final de lo escrito el místico encuentra a Dios en todo, en todas las criaturas de Dios. Por lo tanto, él considera su naturaleza religiosa como un conocimiento de una manifestación de un Ser Supremo en su relación a él. Si juntamos estas cuatro guías, obtendremos un cuadro que en el sentido general de la palabra muestra a la religión como siendo esa área de conocimiento y experiencia por medio de la cual el hombre tiende a relacionarse con el Ser Supremo y las fuerzas cósmicas que el Ser Supremo ha ordenado. La religión puede ser un tema muy amplio para una interpretación de un individuo o un grupo de individuo. Espero que entiendan que Dios está tan cerca de lo que puedan imaginar.

Solamente les pido que traten de vivir en paz, tanto con ustedes mismo al igual que con sus semejantes.

Peter Bustamante                     

Sunday, October 21, 2012

"EL TEMA DEL ESPACIO"



"EL TEMA DEL ESPACIO"


El tema del espacio puede ser dividido en tres clasificaciones mayores: perceptual, conceptual y absoluta. Del primero, o espacio conceptual, surge la noción del espacio que todos tenemos. Las facultades sensorias de la vista y el tacto son la únicas dos de las cuales derivamos esas sensaciones que engendran esta noción de espacio. Por medio de estos sentidos, percibimos tales condiciones que, debido a sus características, son aludidas por nosotros como espacio. Por consiguiente, el contenido perceptual de espacio es una categoría natural, dependiente de los sentidos receptores. La percepción visual del espacio constituye experimentar un vacío, una laguna de realidad visual. El ojo no ve masa o substancia. Esta ausencia de realidad visual tiene una especie de existencia negativa para nosotros. El estado de nada o espacio se vuelve tan real para la mente como los objetos que son vistos. Por consiguiente, hablamos de “ver espacio”, como si fuera una realidad. Una aseveración más cierta sería “veo solamente una extensión”. Las mismas circunstancias se aplican al sentido táctil o aquel del tacto. Donde las sensaciones del tacto terminan, donde no somos más capaces de percibir las cualidades del tacto, eso para la mente es espacio. Nosotros, por ejemplo, pasamos nuestras manos a lo largo de una superficie suave en una habitación oscura. Cuando ya no somos capaces de sentir ninguna substancia más allá de la superficie, nos referimos al área como siendo espacio.
  
   Desde el punto de vista perceptual, el espacio es el límite en el alcance de la percepción, de las facultades de la vista y el tacto. Podemos por analogía, decir que el silencio es una especie de espacio también, pues constituye un limite de nuestros poderes auditivos o del oído. El problema, psicológicamente es de convencer a las personas que el límite de una cualidad, la ausencia de las sensaciones de un sentido, no tienen existencia positiva en sí misma. Debemos pensar del espacio como siendo únicamente la ausencia de la realidad discernible y no siendo realidad de por sí. Por analogía, para el ciego, teóricamente, existe solamente espacio visual, puesto que no puede ver ninguna realidad. Si un ciego fuera también privado del sentido del tacto, cuán difícil sería convencerle que no hay nada sino espacio. Usted sabe diferentemente por supuesto, porque puede discernir lo que el ciego, o quien haya perdido su sentido del tacto, no puede. Debe realizarse, entonces, que lo que usted percibe como espacio no es sino una ilusión. El espacio está realmente lleno de radiaciones de una naturaleza electromagnética y con aire; esto a simple vista son invisibles.

   La segunda clasificación de espacio, el conceptual, concierne a las teorías en particular que los hombres puedan tener del espacio. Filósofos, metafísicos y científicos pueden usar los términos espacio cósmico, espacios estelares y similares. Estos términos sin embargo están relacionados a ciertas condiciones observables a las que ellos arbitrariamente han asignado la palabra espacio para distinguirlo de otros factores. Ellos hablan de espacio como  algo existente, por ejemplo, entre la Tierra y el Sol. Esto no significa en el sentido perceptual porque ellos saben y pueden observar que hay substancia y condiciones celestiales entre los dos cuerpos. Más bien, es la intención el distinguir la región entre los cuerpos de una masa sólida y continua. Obviamente, entonces, puede haber tantas clases de espacio conceptual como hay mentes humanas para especular acerca de ello.
 
   La tercera clasificación, el espacio absoluto, en un sentido, es también conceptual. Es una noción de que hay una condición de nada en que las partículas o masas están suspendidas sin elementos unificadores entre ellas. Algunos de los antiguos astrónomos exponían una teoría del espacio absoluto. Ellos no tenían en ese tiempo suficiente conocimiento de la naturaleza de la luz para realizar que el hecho que ellos eran capaces de percibir otros planetas era una indicación de una transmisión más o menos continua de la luz para ellos de las regiones que ellos llamaban espacio. Es patente que tanto el espacio conceptual como el absoluto son dependientes del perceptual. Si el hombre no pareciera percibir el espacio a través de los sentidos de la visión y del tacto, él no tendría noción de ello para extenderlo en los varios conceptos que él tiene, ni sería capaz de declarar en cuanto a su naturaleza absoluta. Puesto que el espacio no existe, tenemos solamente aquello que podemos percibir por una parte; y por otra, aquello que no podemos percibir. Eso que llamamos espacio es realmente una plétora de energía de varias clases que los simples sentidos no pueden ver o sentir. A veces se alteran entre la masa o substancia que tienen tales cualidades como dimensión, suavidad o dureza, y el espacio perceptual.

   Poniéndolo simplemente, la experiencia revela que podemos ver un objeto, luego aparentemente más allá de él o sobre este lado de él observamos el espacio y luego aun más lejos, otro objeto. Los objetos se dice entonces que ocupan espacio o que tienen diferentes espacios o lugares en él. Esta es la suposición, basada en la percepción, que hay tal condición como espacio que puede ser rellenado con masa u objetos. Y para terminar quiero darle un pequeño ejemplo muy sencillo, quiero que entiendan más esta integración de toda la energía, vamos a usar como en mis tiempos hoy en día no se usa, usaremos la analogía de un tablero de ajedrez con cuadros ROJOS  y AZULES. Los cuadros azules en el tablero se miran muy desprendidos de los rojos. La física nos lo ha probado, por medio de la ley óptica, que los colores son bandas de ondas de diferentes frecuencias o grado de vibración de la luz. Los cuadros azules y rojos están fundamentalmente relacionados en la energía de la luz. El ojo separa estos colores del espectro y los hace aparecer como no teniendo relación el uno con el otro. Realmente, repetimos, están conectados en el espectro visible de la luz. Así también con los objetos en el espacio. Ellos no están en lugares diferentes sino en diferente relación con aquello que discernimos. En otras palabras estamos acondicionados a tener ciertas clases de experiencias sólo porque somos esa clase de ser. Es locura, por lo tanto, que tratemos de forzar o creer que el universo debe conformarse a nuestras limitaciones.

Solamente les pido que vivan en paz con ustedes mismos.

Peter Bustamante                        

Sunday, October 14, 2012

¿QUE ESPERAR DE LA MEDITACIÓN?




¿QUE ESPERAR DE LA MEDITACIÓN?
La determinación  de los resultados a ser obtenido  a través  de la meditación depende de la concepción del individuo acerca de la naturaleza y función de la meditación. El así llamado fracaso  o insatisfacción es a menudo la consecuencia de la comprensión equivocada  de la palabra y de la técnica usada. Muy generalmente, en el sentido popular, la meditación se hace sinónimo de la contemplación. En realidad, muchos léxicos o diccionarios relacionan las dos palabras. Sin embargo, filosóficamente –y en forma particular místicamente- hay una distinción muy definida entre la meditación y la contemplación. Tal vez el mejor acercamiento a un uso perspicaz de la palabra sería primero comprender cómo difiere de la contemplación. Contemplar cualquier cosa es mantenerla dominante en la consciencia. Es el enfoca miento de la atención en ella. La consciencia puede ser extrovertida  o introvertida. Podemos especialmente enfocar nuestra atención en la experiencia perceptiva, en las impresiones de nuestros sentidos receptores. Esta es extroversión de la consciencia. Por ejemplo, cuando ustedes leen esto están enfocando su consciencia en impresiones visuales. En otras palabras, ustedes están enfocando su atención en una cosa externa.

  Ahora supongan que ponen a un lado este documento y comienzan a pensar en alguna idea que ustedes han leído o que surgió en sus mentes como resultado de su lectura. Al ocurrir este hecho ustedes están entonces contemplando. Especialmente pueden ustedes decir que entran en la contemplación si no están meramente sosteniendo la idea en la mente como una imagen. Solamente visualizar mentalmente una palabra no es contemplación. Realmente, la contemplación es una forma de razonamiento, un proceso de análisis, Para mayor analogía, ustedes pueden estar tratando de encontrar un significado adicional de la palabra o idea en mente, pueden estar buscando alguna asociación mental  con ella que removerá su ambigüedad y puede hacerla más clara. O luego, de nuevo, ustedes pueden estar pensando en cómo la palabra, su significado, puede ser aplicado a ciertos asuntos de su vida.  Concisamente, entonces, al contemplar ustedes están literal o figurativamente revolviendo alguna ideación una y otra vez en sus mentes y escudriñándola para todas las posibles relaciones de significado y posibilidad.

  Ahora, todo esto es un proceso subjetivo. Hasta cierto punto, no es diferente del así llamado proceso objetivo de la percepción. Por medio de percepción estamos realizando, experimentando ideas formadas por las sensaciones que han surgido de las facultades de nuestro sentido. En el proceso subjetivo de la contemplación también estamos realizando ideas—aquellas ya establecidas en la mente. Tal vez alguna vez hemos experimentado objetivamente la misma cosa que podemos estar contemplando ahora subjetivamente. En la concepción y la contemplación el foco de la atención está meramente en condición reversa del estado objetivo.

  Usemos una sencilla analogía que previamente hemos usado a menudo, es decir, el suponer el estado de consciencia como una pantalla de cine suspendida en el cerebro. Sobre un lado de la pantalla (en el lado externo) están siendo bombardeadas las impresiones del mundo externo que nos llegan a través de los sentidos receptores. Esto nos causa experimentar la realidad, es decir, el mundo fuera de nosotros. En el lado interno de esta pantalla de la consciencia están apareciendo otras impresiones. Estas llegan de la memoria—las impresiones una vez recibidas objetivamente--aquellas creadas por la razón, y las así llamadas impresiones intuitivas. Podemos estar conscientes de estas con igual intensidad que las experiencias perceptivas. Por supuesto, la consciencia no enfrenta ni interna ni externamente. Meramente le damos esta designación a las impresiones de la consciencia, de acuerdo con nuestro entendimiento  del sentimiento como de su punto de origen. No hay nada particularmente místico con respecto al fenómeno mental de la contemplación.

  Millones de personas contemplan diariamente y no pueden ser capaces de dar una definición de la palabra misticismo. Además, si alguien contempla un tema místico, el proceso mismo de la contemplación no es místico. La meditación es el proceso de transformación de la consciencia.  Es el esfuerzo por elevar la consciencia a fin de obtener experiencia en un nivel más elevado o más profundo de perfección interna. La meditación no es la intención para enfocar la consciencia sobre cualquier idea sola en una manera dinámica como en la contemplación. En realidad, en la meditación el objetivo principal es el permanecer pasivo. No es el intento de dirigir, como por mandato, lo que debería ser conocido o experimentado.

  Para usar otra analogía simple: piensen acerca de un espectador sentado en la audiencia de un teatro. Él espera silenciosamente que la cortina se levante—él no intenta visualizar qué es lo que va a acontecer en el escenario. En realidad, él sabe que no tiene conocimiento de la obra y por ello su actitud es pasiva, receptiva hacia lo que le será revelado. Esto, entonces es primeramente una de las actitudes fundamentales de la meditación. Sin embargo la meditación es más que meramente estar pasivo. Está—aunque al decir esto podemos estar contradiciendo nuestras declaraciones previas—está, repetimos, el deseo, el deseo de hacer que la consciencia funcione en otro nivel de receptividad no olviden esto es muy importante. Tan importante que en este estado hay que saber lo maravilloso que funciona mente. Una forma oriental de meditación relaciona tres etapas principales de ella: la primera es la etapa purgación. Esta consiste en intentar desechar de la mente todo pensamiento. Ser receptivo y no permitir que la mente se vuelva atada a una idea en particular por el momento. Significa colocarse uno mismo en un estado de tranquilidad, tan libre como sea posible de toda la distracción, de todo aquello que pueda excitar la consciencia. Admitida mente, en nuestra edad turbulenta y áreas urbanas congestionadas, esto no es simple de logra pero no imposible.

  El místico se refiere a esta etapa  como entrando en silencio. Significa no sólo el silencio físico es decir, el evitar sonidos extraños—sino el silencio mental. Esto a su vez significa una mente que no está preocupada. La segunda etapa se dice que es la iluminación. Es cuando el individuo siente un contacto con una fuente transcendental de conocimiento. Es una clase de consciencia cósmica, el ascenso de la consciencia a un estado de consciencia engrandecido y que lo abarca todo, yo. Peter Bustamante me encantaría que conocieran esas maravillas.
Solamente les pido que traten de vivir en paz con ustedes mismo.

Peter Bustamante          

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